Devuelvelo Porque No es Tuyo

Cuando hablamos de un regalo, pensamos en algo que expresa afecto, gratitud o reconocimiento. Un obsequio especial no se mide únicamente por su valor material, sino por el sentimiento y el esfuerzo que lo acompañan. Sin embargo, al ingresar en la parashá Trumá, descubrimos que la Torá nos propone una comprensión mucho más profunda.

En el lenguaje cotidiano, podríamos traducir trumá como “regalo” o “donación”. Pero en el Lashón Hakodesh, la palabra proviene de la raíz ram, que significa elevar. Trumá no es simplemente dar algo: es elevarlo, separarlo de lo propio para consagrarlo a un propósito sagrado.

La Torá nos ordena: “Habla a los hijos de Israel y que tomen para Mí una ofrenda (trumá); de todo hombre cuyo corazón lo motive, tomarán Mi porción” (Libro del Éxodo 25:1). La expresión es sorprendente: “tomen para Mí”. No dice “den”, sino “tomen”. Nuestros sabios explican que quien entrega para lo sagrado, en realidad está tomando para sí mérito, elevación y cercanía con el Creador.

Pero surge una pregunta inevitable. El rey David declara en los Tehilim: “Del Señor es la tierra y su plenitud” (Libro de los Salmos 24:1). Si todo pertenece a Hashem, ¿qué podemos realmente darle?

La respuesta es que nada nos pertenece de manera absoluta. El Santo, Bendito Sea, nos concede el privilegio de administrar Sus bienes. Nos permite trabajar, esforzarnos y sostenernos, para que nuestro sustento no sea “nahama de kisufa”, el pan de la vergüenza. Sin embargo, el Talmud enseña en el tratado Tratado Beitzá (16a) que los ingresos de la persona son fijados desde Rosh Hashaná hasta el siguiente Rosh Hashaná. Es decir, lo que recibimos está determinado por la Providencia Divina.

Entonces, cuando se nos pide separar para tzedaká, para mitzvot y para lo sagrado, no estamos “dando” algo nuestro; estamos devolviendo con gratitud aquello que se nos confió.

Este es el mensaje profundo de la trumá: reconocer que somos depositarios, no propietarios. Y que la verdadera grandeza no consiste en acumular, sino en elevar.

Querida comunidad, que podamos aprender a devolver con alegría, con serenidad y con corazón pleno. Que entendamos que cada acto de generosidad no empobrece, sino que dignifica. Porque cuando devolvemos lo que nunca fue verdaderamente nuestro, en realidad estamos afirmando nuestra fe y fortaleciendo nuestra relación con Hashem.

Que sepamos elevar lo material hacia lo espiritual, y que cada entrega sea una expresión sincera de gratitud y responsabilidad.