Por Casualidad

Muchas veces en la vida escuchamos historias y pensamos: “Eso es una coincidencia”. Nos cuesta creer que detrás de ciertos hechos haya algo más profundo. Nuestra reacción natural es decir: “Fue casualidad”. Pero la enseñanza de nuestra tradición es muy clara: en la vida judía no creemos en las coincidencias.

En hebreo existe la palabra “mikreh”, que solemos traducir como “casualidad”. Sin embargo, nuestros sabios enseñan que su raíz se relaciona con “sheker”, que significa mentira. Es decir, aquello que llamamos casualidad muchas veces no es más que una ilusión, una forma de no reconocer que detrás de cada acontecimiento está la mano de Hashem. Incluso las letras de MIKREH pueden leerse como “Rak MeHashem”, “solo viene de Dios”.

Quiero compartir con ustedes una historia real.

Una mujer llamada Miriam, una nueva inmigrante en Israel, estaba a punto de dar a luz. No hablaba hebreo y estaba llena de miedo. No sabía cómo iba a arreglárselas sola en el hospital, en un país cuya lengua y costumbres todavía le resultaban extrañas.

En otra ciudad, una mujer llamada Sara había recibido una plegaria especial para un buen parto. Le pidió a su amiga Lea que la entregara a Rajel, que también estaba por tener familia. Pero Lea, por esas cosas que solemos llamar “casualidades”, olvidó entregarla.

Luego ocurrió algo curioso. Una madre confundió el hospital donde estaba internada su hija. Lea fue a ese hospital equivocado para visitarla y, al no encontrarla, empezó a caminar por los pasillos. Allí una enfermera le dijo que si hablaba español, tal vez podría ayudar a una mujer latina que estaba muy nerviosa porque no entendía el idioma.

Esa mujer era Miriam.

Lea la tranquilizó, la acompañó y, casi sin pensarlo, le entregó la plegaria que tenía guardada.

Y aquí viene lo más impresionante. Al día siguiente, Rajel fue internada… en ese mismo hospital. Miriam, al escuchar que alguien hablaba español, se acercó a ella, la animó y le entregó la misma plegaria deseándole un buen parto.

El círculo se cerró.

Entonces yo les pregunto, queridos miembros de la comunidad:

¿Fue realmente una casualidad?

Nuestros sabios nos enseñan algo profundo: a veces Hashem mueve el mundo entero para que una persona esté en el lugar correcto, en el momento exacto, para ayudar a otra.

Por eso debemos abrir los ojos y el corazón. Porque hay dos tipos de personas en el mundo:

el que no puede ver —ese es un ciego— y el que no quiere ver —ese es un necio.

Que tengamos el mérito de aprender a reconocer la mano de Hashem incluso en los pequeños detalles de la vida, y de ser nosotros también instrumentos para traer ayuda, consuelo y bendición a los demás.