Vivimos en un tiempo que nuestros sabios llamaron Jevelei Mashíaj, los dolores previos al alumbramiento de la redención. En este período, la supervisión divina se revela con claridad, mostrándonos que lo que sucede en la historia no es simple coincidencia, sino expresión abierta de la Mano de HaShem.
Nuestros maestros nos enseñan que existen dos formas en que los milagros se manifiestan: a veces, para nuestro bienestar y consuelo; y otras, en circunstancias dolorosas, cuando incluso los enemigos de Israel reciben fuerza para cumplir su maldad. Rav Desler, en los días oscuros de la Segunda Guerra Mundial, explicó que también esos sucesos son señales de supervisión divina.
¿Cómo puede ser que un grupo de hombres sin preparación ni méritos, personajes insignificantes de la sociedad, llegaran a dirigir naciones cultas y sofisticadas, arrastrando a millones tras su odio? Desde una mirada natural es imposible comprenderlo; pero desde la perspectiva de la Torá, vemos que incluso en esos momentos, HaShem estaba revelando Su Mano, preparando al mundo para la redención.
Rav Eljanan Wasserman escribió en Ikveta deMeshíja que este período es único en la historia. Los acontecimientos se suceden con una velocidad sorprendente, desbordando toda lógica humana. La Torá ya lo anticipó: “y te volverás loco de lo que vean tus ojos” (Devarim 28:34). Mientras busquemos explicaciones solamente en la razón humana, caeremos en la confusión; pero cuando profundizamos en la Torá, todo se ilumina y cobra sentido.

La historia reciente es testigo de ello. En los momentos más oscuros, cuando parecía que la destrucción era absoluta, la Mano de HaShem detuvo a quienes amenazaban llegar hasta Ierushaláim. Y poco después, tras tanta oscuridad, brilló la luz: la caída del régimen infernal, el regreso del pueblo judío a su tierra ancestral, la creación del Estado de Israel y la reunión de millones de nuestros hermanos en su hogar histórico.
Así lo anunciaron los profetas: “Abran las puertas, y entrará un pueblo justo, guardador de la fidelidad” (Ieshaiahu 26:2). Y también: “Hay esperanza para tu porvenir… tus hijos volverán a sus fronteras” (Irmiáhu 31:16).
El mensaje es claro: la redención avanza, y aunque esté precedida de dificultades, debemos reconocer la supervisión divina que se revela ante nuestros ojos. No se trata de casualidades; es HaShem conduciendo la historia hacia su plenitud.
Que sepamos mirar más allá de la superficie de los acontecimientos, reconocer la Mano de HaShem en nuestro tiempo, y fortalecer nuestra fe para recibir, con mérito y preparación, la llegada del Mashíaj pronto en nuestros días. Amén.













