En una época en la que muchos enfrentan desafíos de seguridad y temor en sus entornos cotidianos, especialmente quienes deben transitar o trabajar en zonas de mayor riesgo, surge una pregunta que merece reflexión:
¿Está permitido o es recomendable portar un arma para protección personal?
A esta inquietud respondió en su momento el Rabino Avigdor Miller, de bendita memoria, con la sabiduría y claridad que lo caracterizaban. Él enseñó que esta es una pregunta compleja, y que no siempre la respuesta está en un arma literal.
En nuestra tefilá diaria, en Elokai Netzor, decimos:
«Mi alma debe ser como polvo para todos».
Esto implica una postura de humildad, de anavá. Cuando alguien en la calle nos insulta o nos provoca, debemos aprender a no responder con violencia. La humildad no es una debilidad; es una protección. El que es verdaderamente humilde, vive más tiempo, se cuida más, evita conflictos innecesarios.

Portar un arma, en cambio, puede generar una falsa sensación de poder y seguridad. Puede llevarnos, sin darnos cuenta, a actuar con imprudencia. Incluso algo tan simple como un bastón pesado puede ser motivo de peligro: uno puede volverse impulsivo, y terminar en una situación que, de otro modo, hubiese evitado.
Una vez escuché una frase sabia, atribuida a la tradición china:
«¿Quién es un verdadero héroe? Aquel que sabe cuándo alejarse».
Evitar el conflicto es, muchas veces, el acto más valiente.
Por todo esto, queridos amigos, no puedo dar una respuesta definitiva para cada caso. Pero sí puedo aconsejar lo siguiente: antes de buscar protección externa, cultivemos nuestra protección interna. El autocontrol, la humildad, la fe y la prevención son nuestros primeros escudos.
Que Hashem nos bendiga con shalom, protección, y sabiduría para actuar con sensatez en todas las circunstancias.













