Una de las preguntas más profundas y frecuentes que me plantean es la siguiente:
Si el judaísmo cree en el Mundo Venidero —el Olam Habá— como uno de sus pilares fundamentales, ¿por qué la Torá escrita no lo menciona explícitamente?
Es cierto. Si uno recorre las páginas del Jumash, no encontrará una descripción detallada del más allá, del paraíso, ni de la recompensa espiritual que aguarda al alma. Esto, que podría parecer desconcertante, ha sido abordado por nuestros más grandes sabios a lo largo de los siglos.
El Rambán (Najmánides), sabio del siglo XII, explica que si bien la Torá no menciona directamente el Olam Habá, su mensaje está impregnado de espiritualidad. Nos habla de lo Divino, de lo milagroso, de las almas. Para él, es evidente que existe una realidad más allá de la física, y que esa verdad espiritual atraviesa todo el texto.
Otros comentaristas señalan que si la Torá se enfocara demasiado en la vida futura, podríamos desatender esta vida, nuestra misión presente en este mundo. Podríamos caer en el error de minimizar la importancia de nuestras acciones aquí y ahora, de postergar el bien esperando recompensas futuras. Y el judaísmo, precisamente, nos enseña a santificar el momento presente.
Pero deseo compartir con ustedes una interpretación particularmente significativa, ofrecida por el gran Rambam, Maimónides, sabio del siglo XI. Él enseñó que la Torá es un libro de mitzvot, de obligaciones. Su propósito no es motivarnos a través de promesas de recompensa, sino guiarnos hacia una relación auténtica con el Creador.

Si la Torá hubiera detallado ampliamente los placeres del Mundo Venidero, podría habernos inducido a servir a Hashem por interés propio, por lo que podemos recibir a cambio. Y ese no es el objetivo.
La Torá es, por así decirlo, nuestra ketubá, nuestro contrato de amor con Dios. En un verdadero vínculo de amor, el centro no está en lo que uno recibe, sino en lo que uno da por el otro con sinceridad. Cuando alguien ama de verdad, actúa con entrega, sin esperar nada a cambio. Así debe ser nuestro servicio a Hashem: no motivado por el premio, sino nacido del cariño, del compromiso, de la emuná (fe) y del amor.
Por eso, aunque la Torá escrita no mencione explícitamente el Olam Habá, su existencia está claramente afirmada por la Torá Oral y por toda la tradición rabínica. Es una realidad que nos acompaña, pero no es el motor de nuestra vida espiritual.
Vivamos esta vida con intensidad, con responsabilidad, con amor y con verdad. Y que nuestras acciones sean una expresión pura del vínculo que construimos con nuestro Creador, día a día, sin cálculos, sin intereses, simplemente porque Lo amamos.













