Escribió el Rabí Yehezkel Levinshtein, de bendita memoria:
“Cuando una persona se dispone a rezar, debe saber ante Quién está parado.
Y cuando reza, debe ser plenamente consciente de que está rezando.”
Esto es lo que enseñaron nuestros Sabios en Pirké Avot: “No hagas tu Tefilá algo automático, fijo, sino un ruego, una súplica.”
Tefilá con lágrimas
Se cuenta del Gaón, Rabí Baruj Lebowitz z”l, que en su niñez, tras haber sido reprendido por su padre por alguna travesura infantil, se puso a llorar. Y mientras aún tenía las lágrimas corriendo por sus mejillas, se levantó, hizo Netilat Yadaim, tomó su Sidur y comenzó a rezar Minjá. Su padre, extrañado, le preguntó:
—“¿Por qué precisamente ahora estás rezando?”
Y el niño respondió:
—“Ya que estoy llorando, quiero aprovechar estas lágrimas para la Tefilá.”
De aquí aprendemos cuán preciadas son las lágrimas vertidas en Tefilá. Nuestros Jajamim ya dijeron: “Aunque las puertas de la Tefilá puedan cerrarse, las puertas de las lágrimas jamás se cierran.”
Quien reza con tal profundidad, con llanto y súplica sincera, incluso si ya no puede pronunciar palabra por la emoción, eso ya se llama una Tefilá completa, que emana del corazón. Y tal Tefilá no vuelve vacía.
El rol del Jajam no es reemplazar la Tefilá
Relatan sobre el Rab Meir Yejiel de Ostrovtza z”l, que un discípulo se le acercó en nombre de un enfermo para solicitarle una Berajá. El Rab respondió con humildad:
—“Yo no tengo poder para sanar; sólo el Creador del mundo puede hacerlo.”
El alumno, confundido, mencionó lo que está escrito en la Guemará: “Quien tiene un enfermo en casa, que acuda al Jajam y pida por él misericordia.”
El Rab le contestó:
—“Lee bien las palabras de nuestros Sabios. No dice que el Jajam debe rezar. Dice que hay que ir al Jajam, y pedir —es decir, que el enfermo o su familiar hagan Tefilá, y que el mérito del Jajam los acompañe—. Pero la Tefilá debe salir del corazón de quien sufre.”

La Berajá más efectiva: Tefilá sincera
Una vez, una persona afligida se presentó ante el Rab de Mesdrish, rogando una Berajá para poder tener hijos. El Rab le respondió:
—“Dirígete a Hashem. Él es quien concede vida.”
—“Pero Rabí,” —replicó el hombre— “ya he rezado con lágrimas, y no ha sucedido nada.”
El Rab le dijo entonces:
—“Entonces, más que pedir una Berajá mía, deberías pedirme que te enseñe a rezar con todo el corazón, con verdadera Emuná.”
Luego, sus alumnos le preguntaron por qué no le dio la Berajá, como solía hacer.
Y el Rab explicó:
—“Si la persona reconoce que todo depende de Hashem y que mi Berajá es solo un empuje espiritual, con gusto la doy. Pero si la persona cree que yo tengo el poder, y no Hashem, prefiero no darle ninguna ilusión. Que se vuelva a Él directamente, que es la fuente de toda bendición.”
Únicamente a Hashem
Está escrito en Tehilim (145:18): “Cercano está Hashem a todos los que Lo invocan, a todos los que Lo invocan con verdad.”
Nuestros Jajamim preguntan: ¿A todos?
Y ellos mismos responden: Sólo a quienes Lo invocan con verdad.
Una parábola lo explica: un pobre que pide limosna de casa en casa no pone su confianza en ninguna persona en particular. Pero si alguien acude a una sola casa, rogando al dueño con sinceridad y diciendo: “De usted depende mi vida entera”, ese pedido conmueve más. Así es con la Tefilá: si uno acude a Hashem sabiendo que no hay otra fuente, esa es la Tefilá be’emet, con verdad.
Tefilá en tiempos de sufrimiento
El Rambam enseña que la Tefilá es una Mitzvá de la Torá. El Rambán discute y sostiene que es una institución rabínica. Sin embargo, ambos coinciden en que en tiempos de angustia, rezar es una obligación de la Torá misma.
Tefilá sin opciones
La Torá nos habla de las ciudades de refugio, a las que huían los que mataban por error. Solo podían salir cuando moría el Cohen Gadol. Nuestros Sabios enseñan que las madres de los Cohanim Gdolim llevaban alimentos a los refugiados, para evitar que recen con fuerza por la muerte del Cohen.
¿Por qué? Porque si uno reza de todo corazón, desesperado, esa Tefilá puede tener efecto. Pero si tiene “opciones”, si sabe que tiene comida y comodidad, entonces su Tefilá ya no nace del corazón roto.
Y esa es la enseñanza: que no recemos como quien tiene alternativas. Que acudamos a Hashem como nuestra única fuente.
No te quejes, habla con Hashem
Rab Shlomó Zalman Auerbach z”l solía decir con humildad:
“Cuando tenía un problema, no se lo contaba a los demás. Me dirigía directamente a Hashem. Y Él me respondía.”
Cuando hay que gritar
Rab Itzjak Zilberstein Shlit”a enseña: hay momentos donde las palabras no alcanzan. Hay que gritar a Hashem. Gritar desde lo más profundo, porque Hashem quiere oír nuestro corazón.
El Sefer Yereim dice que la mejor Tefilá es la que brota del contexto personal de cada uno. No solo leer del libro, sino hablarle a Hashem, contarle nuestras penas, alegrías y anhelos.
Mejor que la del Arí Z”l
Se cuenta que al Arí HaKadosh se le reveló en sueños que había una persona cuya Tefilá era más elevada que la suya. Viajó a conocerlo, y encontró a un hombre simple que no sabía rezar, solo sabía las letras de Alef a Yud.
Ese hombre le dijo:
—“Cuando veo que todos rezan con devoción y yo no sé cómo hacerlo, me duele el corazón. Entonces digo las letras que sé, y le pido a Hashem que las ordene como una Tefilá.”
El Arí Z”l entendió: una Tefilá sincera, aunque sencilla, puede traspasar los cielos.
Que Hashem nos permita rezar de verdad, sin distracciones, con todo el corazón, sabiendo que solo Él puede salvar, sanar y bendecir. Amén.













