Tora Para Siempre

Nuestros sabios nos enseñaron que la Torá no es un libro del pasado, sino la voz eterna del Creador hablándole al hombre en cada generación. Maimónides, al formular los Trece Principios de Fe, dejó en claro en el noveno de ellos una verdad fundamental: la Torá es inmutable, no admite agregados ni recortes, porque proviene de Aquel que está por encima del tiempo.

Vivimos en una época de avances vertiginosos. La ciencia progresa, la tecnología transforma nuestras costumbres y el mundo parece reinventarse a diario. Frente a esto, algunos se preguntan si los preceptos de la Torá siguen teniendo vigencia. La respuesta de nuestra tradición es clara y profunda: justamente porque el ser humano cambia, necesita un ancla eterna que le recuerde quién es, de dónde viene y hacia dónde debe orientar su vida.

La Torá nos presenta mandamientos que entendemos con la razón, otros que preservan nuestra memoria colectiva y otros que superan nuestro intelecto. Estos últimos, los jukim, son quizás los más desafiantes, pero también los más reveladores: nos enseñan humildad espiritual. Nos recuerdan que no todo lo verdadero debe ser comprendido para ser cumplido, y que la fe no es negación de la razón, sino su correcta ubicación.

Cumplir la Torá no significa renunciar a pensar, sino reconocer que el conocimiento humano es limitado, mientras que la sabiduría divina es infinita. Estudiamos, preguntamos, profundizamos, pero no condicionamos nuestra observancia a nuestra comprensión total. Así como confiamos en un médico aun sin entender cada detalle del tratamiento, confiamos en la Torá porque confiamos en Quien la entregó.

El Shabat, las leyes de pureza familiar, la kashrut y cada precepto nos hablan hoy con la misma fuerza que ayer. En una generación que se siente dueña absoluta del mundo, la Torá nos invita a detenernos, a recordar que somos administradores y no propietarios, y a devolverle al Creador el lugar central en nuestra vida.

Que tengamos el mérito de estudiar la Torá con profundidad, cumplirla con fidelidad y transmitirla con orgullo a las próximas generaciones, reafirmando con plena fe que la Torá es eterna y que en ella se encuentra la verdadera guía para una vida plena y con sentido.