Una Señal de la Redención

Esta semana leemos la parashá Vaietzé, un capítulo fundamental en la vida de nuestro patriarca Iaakov Avinu. En medio de su viaje hacia un exilio incierto, cargado de temor, soledad y desafíos, Hashem se le revela con una promesa luminosa: que su descendencia se multiplicará y que, a través de ella, serán bendecidas todas las familias de la tierra.

Pero la Torá utiliza una imagen sorprendente: compara al pueblo judío con el polvo de la tierra. Podría habernos comparado con estrellas o arena innumerable, como en otras promesas, pero aquí el mensaje es distinto. El Seforno enseña que esta comparación apunta a un momento específico: cuando el pueblo judío alcance su punto más bajo, cuando sea humillado, pisoteado y despreciado por las naciones. Precisamente entonces —en ese instante doloroso y oscuro— la Redención comenzará a florecer.

Nuestros Sabios lo expresaron claramente: “Si ves que una generación sufre como un río que desborda, espera la llegada del Redentor”. Cuando la oscuridad parece total, la aurora está más cerca que nunca.

Recuerdo la historia del gran Rav Itzjak de Volozhin, quien, al escuchar a un funcionario antisemita cuestionar la razón de ser del pueblo judío, no respondió con angustia, sino con una sonrisa llena de fe. Vio en esas palabras el cumplimiento de la profecía de Bilaam: que llegaría un momento en que las naciones se preguntarían por qué Dios creó a Israel… y que inmediatamente después, Israel se levantaría como un león. Rav Itzjak comprendió que la degradación no era el final, sino un anuncio de que la Redención estaba cerca.

Queridos congregantes, esta enseñanza es particularmente relevante hoy. Vivimos tiempos difíciles, marcados por hostilidad, violencia y discursos de odio que no se escuchaban desde hace generaciones. No debemos ignorar la realidad, pero tampoco debemos permitir que la desesperación nos domine.

Las palabras de la Torá y de nuestros sabios nos llaman a sostener la emuná —la fe profunda— precisamente cuando parece más difícil. Cada desafío que enfrentamos no es un golpe final, sino un paso más hacia la culminación de nuestra historia.

Como comunidad, nuestra tarea es permanecer unidos, firmes, elevando nuestras plegarias, nuestras acciones de bondad y nuestro estudio de Torá. Recordemos que Iaakov, aun en su exilio, despertó renovado y dijo: “Ciertamente Hashem está en este lugar”. Que también nosotros podamos reconocer Su presencia incluso en los momentos de mayor confusión.

Que esta parashá Vaietzé fortalezca nuestros corazones, ilumine nuestras mentes y nos inspire a caminar con valentía hacia la luz de la Redención, que, con la ayuda de Hashem, se acerca día a día.