En nuestra relación con la gente, todos tratamos y necesitamos mostrar que decimos la verdad, que nuestras aseveraciones tienen fundamento y, por sobre todo, veracidad, credibilidad. Hoy en día, para reforzar lo que estamos por decir, alguno puede anteponer un: “…y te digo de verdad…”, o el “¿para qué te voy a mentir?”, como si fuera que sin este prólogo, fuera a decir algo no cierto. Pero, de esta forma, lo único que se logra es el efecto contrario, ahora es más difícil de creer lo que me están por decir…
Hay una frase: “olam hasheker”, el mundo de la mentira, que se usó en todos los tiempos para categorizar al mundo en que vivimos. Esta frase, hoy en día, adquiere una gran revalorización. La Tora nos ordena “te alejarás de las mentiras”, y parece que en lugar de haber recibido esta orden hace tantos años, la estamos recibiendo hoy. Hasta la gente importante, honorable, altos dirigentes, que ejercen influencia sobre gran cantidad de personas, no se preocupan y hablan mentiras a la “vista” de todos. Desde luego que estamos hablando de gente que no se educó en un ambiente de Tora, gente alejada de la Tora, que es “Torat emet”, y por eso viven y se alimentan del mundo de la mentira.

Esta triste realidad, nos obliga a tener un cuidado muy especial, además de no dejarnos influenciar por la forma de proceder de los demás. Si no utilizamos todas nuestras fuerzas para cuidarnos y alejarnos de la mentira, y de otras cualidades no buenas, que “rondan en el aire”, es muy fácil, lo alenu, caer en cualesquiera de ellas. Y así dice el Rambam: la característica común en la naturaleza de las personas es dejarse arrastrar por las cualidades y los actos de sus compañeros, y se comportarán como la mayoría de la gente de su país. Por eso, cada uno de nosotros, tenemos que acercarnos a las personas justas, y sentarnos siempre al lado de gente sabia, para aprender de sus buenas acciones, y alejarnos de los malvados, que se conducen por la oscuridad, para no aprender de ellos (cap.6, Halajot Deot).
Iaacov Avinu, nos pone enfrente del camino de la verdad, su conducta levanta la bandera de la verdad, como está escrito: “titen emet leiaacov” (Mija, 7). Desde la juventud, la Tora atestigua sobre la inclinación principal de Iaacov y Esav, dice sobre Esav, “un hombre que sabe de cacerías”, y sobre Iaacov, “un hombre simple”, y desarrolla y explica Rashi, sabe de cacerías, para cazar y engañar a su padre con sus palabras, sencillo, simple, su boca es como su corazón, y al que no es pícaro para engañar lo llamamos simple.
De aquí vemos que la verdad y la mentira no son solamente cualidades, sino que son las bases sobre la que se construye la personalidad del hombre. Si fuera sólo una cualidad más, sería como un “condimento”, algo no tan importante, y la Tora no hubiera necesitado resaltarlo en la descripción de los dos hermanos. Por eso Esav usa esta cualidad para hacer equivocar a su padre, haciéndole continuamente “preguntas” que le hacen pensar a Itzjak Avinu que se trata de una persona justa.













