Bendeciré a los Que te Bendigan

En el libro de Bereshit (Génesis 12:3), Hashem promete a nuestro patriarca Abraham:
“Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré; y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”

Este versículo no es una frase decorativa, ni una promesa vacía. Es una advertencia y una guía para la historia de la humanidad. Desde los días bíblicos hasta nuestros tiempos, este principio ha quedado grabado en los acontecimientos de las naciones. Aquellos pueblos que han protegido al pueblo de Israel, que lo han acogido con dignidad y respeto, han prosperado. Y aquellos que nos han perseguido, que buscaron aniquilarnos o borrar nuestra identidad, han terminado por desaparecer, o han caído en la ruina.

La historia es testigo. Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma, España, Rusia, Alemania nazi y la Unión Soviética: imperios poderosos que, tras oprimir al pueblo judío, fueron finalmente quebrados. No fue la fuerza del ejército de Israel la que los venció, sino el cumplimiento de una palabra eterna, pronunciada por HaKadosh Baruj Hu.

A la inversa, vemos con claridad cómo aquellas naciones que ofrecieron refugio y oportunidades al pueblo judío han florecido, como ocurrió y ocurre con los Estados Unidos. La bendición que acompaña al pueblo de Israel, incluso en su exilio, no es solo para él, sino para quienes caminan a su lado.

Hoy, después de dos mil años de dispersión, hemos regresado a nuestra tierra, contra todo pronóstico. El Estado de Israel es un testimonio vivo del poder de la promesa divina. Enfrentamos desafíos existenciales desde el primer día de nuestra independencia, y sin embargo, seguimos aquí: más fuertes, más unidos, más comprometidos con nuestra misión.

Y al mismo tiempo, el patrón continúa. Las naciones y gobiernos que se colocan del lado de la justicia, apoyando a Israel, ven frutos de paz, innovación y cooperación. Y quienes promueven el odio, el terrorismo y la destrucción, no hacen más que cavar su propio declive.

Todo esto no debe inspirarnos orgullo vacío ni soberbia. Al contrario: debe recordarnos que somos portadores de una responsabilidad inmensa. Debemos ser luz entre las naciones, mantenernos fieles a los valores eternos de la Torá, vivir con integridad, con justicia, con compasión, con verdad.

La historia no miente. Las palabras de Hashem no caducan. El trato hacia el pueblo judío es, y seguirá siendo, una clave para el destino de las naciones.

Que sepamos ser dignos de esta elección. Que nuestras acciones santifiquen el Nombre de Di-s en el mundo. Y que veamos pronto la redención completa, con la llegada del Mashiaj, en paz y en armonía para todo Am Israel y para la humanidad entera.