La Preparación del Shiduj de Iaacov Abinu

Quisiera compartir hoy con ustedes una enseñanza profunda que nos llega a través del Rav Avigdor Miller z”l sobre un episodio aparentemente enigmático en la vida de nuestro patriarca Iaacov Abinu: la preparación para su shiduj.

La Torá nos relata que Itzjak y Rivká enviaron a Iaacov hacia la casa de su tío Laván para encontrar una esposa adecuada, una mujer que siguiera el camino de Avraham e Itzjak. Sin embargo, nuestros Sabios nos enseñan que Iaacov no partió de inmediato. Se detuvo durante catorce años en la Yeshivá de Shem veÉver. Y surge la pregunta evidente:
¿Cómo es posible que Iaacov Abinu, el pilar de la verdad, posponga el mandato explícito de sus padres?

El Rav Miller explica que Iaacov no estaba desobedeciendo; por el contrario, estaba cumpliendo la esencia misma de lo que significa formar un hogar judío. Antes de casarse, él entendió que debía prepararse espiritualmente, emocionalmente y en carácter. Un matrimonio no se construye solamente con intención, sino con herramientas. Y esas herramientas se adquieren, principalmente, a través de la Torá.

Pero aquí es necesario aclarar: cuando hablamos de “Torá”, no nos referimos simplemente al estudio académico de un tratado en la Yeshivá. Torá es Horaá —enseñanza—, guía práctica de vida. Y para formar un hogar según la Torá, no alcanza con saber conceptos; uno debe aprender a vivirlos.

Iaacov dedicó catorce años a estudiar qué significa ser un baal jesed, una persona que sabe ceder, escuchar, acompañar, compartir. Aprendió que en la vida matrimonial no se trata de “yo”, sino de “nosotros”. Aprendió que una pareja tiene sentimientos, necesidades, tiempos distintos, y que construir shalom bayit requiere paciencia, humildad y bondad.

Un joven soltero, incluso el más observante, vive para sí mismo: organiza su día según su propio ritmo, se dedica a sus objetivos, prioriza sus deseos. Pero al casarse descubre que el mundo ya no gira alrededor de uno. Hay otra alma que depende de ti, que confía en ti, que necesita de tu sensibilidad. Ese cambio exige preparación.

Y esa es la grandeza de Iaacov Abinu. Antes de buscar a su esposa, se preparó para convertirse en el hombre adecuado para ella. Aprendió el “secreto de la vida”, como dice el Rav Miller: que toda la Torá se resume en “veahavta lereajá kamoja”, amar al prójimo como a uno mismo. Y ese “prójimo”, en el matrimonio, comienza por el cónyuge.

Así entendemos por qué Iaacov dedicó tantos años a su formación: porque sabía que el éxito de un hogar no se construye en el día de la boda, sino mucho antes, en el refinamiento del carácter, en la disciplina espiritual y en el aprendizaje constante.

Que podamos tomar ejemplo de Iaacov Abinu y recordar que, ya sea en el matrimonio o en cualquier etapa de la vida, la Torá es nuestra guía para convertirnos en mejores personas, más sensibles, más pacientes y más entregadas al bien del otro.